
Ayer fue un domingo agotador. Desde que abrí los ojos hasta que los volví a cerrar no dejé de el deporte ni por un segundo.
Primero motos, donde Lorenzo volvió a triunfar en 250cc, ya es tan habitual que casi no emociona, y Pedrosa volvió a estar cerca, el día que lo consiga sí que emocionará... Acto seguido la final de Roland Garros, donde el mejor deportista español de la actualidad, sin duda, con diferencia, volvió a demostrar que no se achanta ante los grandes, que tiene dos pedazo de pelotas bien fosforescentes, y que la tierra batida es suya. Punto.
Y por fin la Fórmula 1, donde comprobamos otra vez que los temores de principio de temporada sobre el nacimiento de un monstruo y lo efímero de los reinados españoles en la mayoría de los deportes internacionales se van haciendo realidad... gracias Nadal, otra vez.